Llega el verano y las vacaciones, siendo en teoría el momento del año en el que más tiempo tenemos para descansar. Sin embargo, cada vez ocurre más lo contrario: llenamos los días de planes, viajes, actividades, comidas, fotos, redes sociales y la sensación de que hay que aprovechar cada minuto.

Parece que descansar de verdad está mal visto.
Nos cuesta estar sin hacer nada. Si tenemos un rato libre, cogemos el móvil. Si estamos en la playa, necesitamos música, podcasts o revisar las redes. Incluso cuando salimos a pasear, muchas veces lo hacemos con auriculares porque el silencio empieza a resultarnos incómodo.

Vivimos rodeados de estímulos durante todo el año y, cuando por fin llega el momento de desconectar, seguimos llevando el mismo ritmo, solo que en otro lugar.
El cerebro también necesita vacaciones
Cuando hablamos de descanso solemos pensar en dormir más horas o en dejar de trabajar unos días. Pero el descanso mental va mucho más allá.
Nuestro cerebro está continuamente procesando información. Correos electrónicos, mensajes, noticias, vídeos, conversaciones… Todo ello requiere atención y consume recursos mentales. Igual que los músculos necesitan recuperarse después de un entrenamiento, nuestra cabeza también necesita momentos en los que simplemente no tenga nada que procesar.

Y ahí aparece algo que muchas veces intentamos evitar: el aburrimiento.
Aburrirse no es perder el tiempo
La palabra aburrimiento tiene muy mala fama. La asociamos a no hacer nada útil, a perder el tiempo o incluso a la pereza.

Sin embargo, aburrirse de vez en cuando puede ser una de las mejores cosas que hacemos por nuestra salud mental.
Cuando dejamos de bombardear al cerebro con información constante, este cambia de «modo de funcionamiento». Empieza a ordenar ideas, recordar experiencias, planificar, imaginar soluciones o simplemente dejar que la mente divague.
Seguro que alguna vez has encontrado la respuesta a un problema mientras conducías, caminabas o estabas en la ducha. No es casualidad. Son momentos en los que el cerebro dispone del espacio que normalmente no tiene.
La trampa del entretenimiento constante
Hoy tenemos entretenimiento ilimitado en el bolsillo. Cinco minutos de espera ya no existen, pues sacamos el teléfono automáticamente. En una cola, en el ascensor o mientras esperamos un café, nuestro primer impulso suele ser mirar una pantalla.
El problema no es usar la tecnología, sino haber perdido la capacidad de estar unos minutos sin recibir estímulos.
Con el tiempo nos acostumbramos a recompensas rápidas y constantes. Después, tareas que requieren paciencia, como leer un libro, estudiar o simplemente mantener una conversación tranquila, nos resultan mucho más difíciles.

El verano es una buena oportunidad para recuperar esa capacidad
No hace falta hacer un retiro en la montaña ni apagar el móvil durante una semana. Basta con introducir pequeños momentos de pausa.
Prueba a caminar por la playa sin auriculares. Observa el paisaje durante unos minutos sin hacer una foto. Si estás en la piscina, deja el teléfono dentro de la mochila. Si sales a tomar algo, intenta que no haya un móvil encima de la mesa.
Al principio puede parecer extraño. Incluso incómodo. Después empiezas a notar algo curioso: la mente se calma.
Un consejo que también sirve para entrenar
Como entrenador suelo insistir en que mejorar no consiste únicamente en entrenar más. También hay que saber recuperar.

Con la mente ocurre exactamente lo mismo, pues no necesitamos llenar cada hora del día para sentir que estamos aprovechando el verano, ya que a veces, el mejor plan es precisamente el que no habíamos planificado.
Un paseo sin rumbo, una conversación larga, leer unas páginas de un libro, contemplar un atardecer o simplemente sentarse unos minutos sin hacer absolutamente nada.

Puede parecer poca cosa, pero esos momentos también entrenan. Entrenan la paciencia, la atención, la creatividad y la capacidad de disfrutar del presente.
Este verano, deja algún hueco vacío
Nos hemos acostumbrado a pensar que cuanto más hacemos, mejor aprovechamos el tiempo, y quizás sea justo al revés.

En verdad los recuerdos que más permanezcan no sean los que hemos compartido en redes sociales, sino esos ratos tranquilos en los que, por fin, dejamos de correr.
Este verano no intentes llenar todos los espacios y deja alguno vacío.
Es muy posible que sea precisamente ahí donde tu cuerpo descanse de verdad… y donde tu cabeza vuelva a respirar.
Como yo siempre digo, el aburrimiento es necesario para la salud, así que si quieres mejorar este verano, trata de aburrirte un rato todos los días y entiéndelo como algo provechoso para tu cuerpo y alma.
