El Pulsómetro (I): definición, origen y tipos

A muchos estas Navidades les habrán traído los Reyes Magos un pulsómetro. Este artilugio es una de las herramientas de entrenamiento más extendidas entre los deportistas. Atrás quedan esos enormes relojes incómodos, los antepasados de los actuales, que son mucho más sofisticados, pero en el fondo su objetivo es el mismo, controlar y monitorizar los latidos del corazón para medir la intensidad del entrenamiento. Son muchas las ventajas de su utilización, pero en ocasiones los deportistas no saben darle un uso adecuado; por eso intentaré ofrecerte en esta y sucesivas entregas, soluciones útiles para que puedas empezar el año sacándole el máximo partido a tu pulsómetro.

¿Qué entendemos por pulsómetro? Es aquel instrumento que registra las ondas generadas por el miocardio mediante electrodos, para, de ese modo, darnos una cifra al instante de los latidos que efectúa el corazón durante un minuto.

Este aparato tiene un origen médico y fue utilizado, en un principio, para monitorizar las constantes vitales de los enfermos de los hospitales. Posteriormente los finlandeses, que son los creadores del pulsómetro deportivo, hacen unos pequeños aparatos transportables para que los deportistas registren el esfuerzo realizado en sus entrenamientos. Pero solo estaban al alcance de los deportistas profesionales, por lo mucho que constaban, y sin embargo ahora todo el mundo puede tener uno por un módico precio.

Hay muchos tipos y marcas de pulsómetros, pero la finalidad de todos ellos es medirnos las pulsaciones. En función del tipo de sensor que mide el pulso, podemos diferenciar tres tipos:
1)    Los que miden el pulso colocando el dedo en un sensor al lado de la pantalla del reloj. Actualmente casi están en desuso, por ser incómodos en su utilización  y no muy precisos.
2)    Los que miden el pulso colocando las manos en dos sensores mientras te mueves en una cinta, bici o elíptica. Son exclusivos para aparatos de gimnasio, donde van integrados, por lo que no se pueden utilizar para otros menesteres.
3)    Los que miden el pulso a través de una cinta con electrodos que va colocada en la zona del pecho. Son los más utilizados y extendidos, por su sencillez, facilidad de uso y precisión. Como único inconveniente podemos decir que, si lo usamos mucho, deberemos cambiar la pila del sensor, y en algunas marcas  solo podremos cambiarla comprando una cinta nueva.

No hay que decir que, cuanto más sofisticado y más funciones tenga, más nos costará, aunque podemos encontrar auténticas gangas en cuanto a funcionalidad por poco dinero, pero, si bien lo más importante es que consigamos registrar las pulsaciones, estas a veces quedan en un segundo plano, por eso tampoco os recomiendo comprar relojes demasiado complejos, que más que ayudarnos a entrenar, nos van ayudar a entretenernos, dejando en un segundo plano el objetivo inicial.

No dejes de leer el próximo artículo sobre el pulsómetro:

El Pulsómetro (II): las franjas o zonas de entrenamiento


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