Acerca del entrenador

Roberto Cejuela, subdirector de Sportraining, revista técnica para la cual también colaboro, ha escrito un prólogo en la publicación del mes pasado, y en ella hace unas reflexiones sobre el entrenador que me gustaría trasmitiros:

La figura del Entrenador, Coach o Trainer ha existido siempre en la historia del deporte. Después de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, donde solamente podían entrar en el estadio los “deportistas desnudos y los entrenadores con túnica”, pasando por el mítico entrenador con sombrero, bigote y bastón de la película Carros de Fuego, hasta el actual entrenador desbordado por los medios tecnológicos.

En función de las necesidades del deporte, el entrenador reúne los conocimientos de la preparación física, técnica y táctica, o éstos se separan entre el entrenador y el preparador físico (como en los deportes colectivos). En los deportes cíclicos (natación, atletismo, triatlón, patinaje, ciclismo…) el entrenador suele reunir las funciones completas de la preparación física, técnica y táctica, lo cual supone que el entrenador debe tener una formación básica para ejercer su responsabilidad (Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, más Entrenador del deporte que fuera), para conocer todos los aspectos que suponen la modificación del equilibrio interno u homeostasis del organismo a causa del entrenamiento.

Actualmente algunos entrenadores añaden a estas funciones las que son propias de un manager o director deportivo (esponsorización, gestión de recursos, inscripciones…), que realmente no son las propias de un entrenador, y si las realiza, porque son necesarias, está restando tiempo a su verdadero trabajo, que es el de controlar las cargas del entrenamiento a las que está sometiendo a este ser humano (el deportista).

Incluso, también hay deportistas que eligen entrenadores, no por tener una formación (obligatoriamente necesaria, al igual que el médico es licenciado en medicina) sino por sus éxitos deportivos pasados o actuales. Es como aquel que acude a un curandero en lugar de al médico. Pues bien, bajo su responsabilidad ponen su salud en manos del curandero-entrenador, porque por mucho consumo de oxígeno que le haya dotado su genética familiar o técnica haya entrenado en sus fases sensibles de crecimiento, no quiere decir que sea capaz de entender el funcionamiento de la máquina más compleja del mundo: el ser humano.

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