El movimiento nos hace ser más listos

Médicos, investigadores, medios de comunicación…, en boca de todos se oyen los beneficios del deporte y el ejercicio regular para conservar el cuerpo en forma, prevenir enfermedades cardiovasculares y sentirse mejor anímicamente. Lo que no suelen añadir es que el ejercicio es también un escudo de protección de nuestro cerebro y un estimulador del aprendizaje y la memoria. Así lo han demostrado neurocientíficos como Fernando Gómez-Pinilla…”
Esta es la introducción de uno de los programas de Redes, dirigido por Eduard Punset, que se titula “Deporte para un cerebro más sano” y que aconsejo ver a todo el mundo (tenéis el enlace en mi página web: http://www.entrenamientointeligente.com).
Situados en el tema, me gustaría hablaros de que llevar un estilo de vida activo, dinámico y deportivo, nos permitirá sacar el máximo rendimiento a nuestro intelecto. Cuando ejercitamos nuestros músculos, dando un paseo o corriendo un rato, nuestro estado mental entra en una fase de máximo rendimiento, que no tiene nada que ver con estar todo el día sentado. Son muchos los hechos científicos que nos demuestran cómo el ejercicio mejora el estado mental y, por tanto, el cerebro funciona en toda su plenitud; y es que, indudablemente, nuestros genes están diseñados para el movimiento y, sin él, todas las funciones orgánicas, incluida la del intelecto, se ven afectadas. No sólo nos sube el colesterol o la tensión cuando abusamos de la inactividad física, sino que nuestro cerebro se atrofia. A veces nos puede dar pereza hacer ejercicio, pero quien lo prueba de manera continuada sabe de buena tinta que, al terminar, va a tener una sensación de plenitud física y mental. Esto nada tiene que ver con pasarse de rosca corriendo maratones todos los días, sino que debemos hacer moderadamente un deporte o actividad física que nos guste y se adapte a nuestras características. Y, en definitiva, si quieres mejorar tu intelecto, no solo debes estudiar sino que también te debes mover, porque por evolución genética estamos diseñados para movernos y, como dice el científico F. Gómez-Pinilla, “nuestros genes están ansiosos de ejercicio”.

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