Deporte sí, pero ¡sin excesos!

El deporte y la actividad física, como todas las cosas en la vida, deben realizarse sin excesos. Esta es una pauta sencilla en principio, pero difícil de cumplir. Lo normal es pasarse, por arriba o por abajo, de la práctica deportiva considerada como saludable; así, por un lado tenemos a los que no hacen nada de deporte y practican el “sillón-ball” y por otro a los que se dan auténticas palizas, pero muy pocos son los que realizan deporte controlado, moderado y sin excesos. Tanto en el ámbito de la salud como del rendimiento deportivo, el cuerpo humano necesita una adaptación progresiva al esfuerzo y no se puede hacer el deporte a lo loco y sin seguir unas pautas básicas que son la moderación y la correcta recuperación.

El deporte es considerado como un comodín que cura cualquier mal, y eso nadie que lo haya probado lo discute, pero cuando nos pasamos deja de ser tan bueno y puede considerarse como un inconveniente. Si a nivel físico el deporte mejora nuestra condición física, si lo desarrollamos sin medida y sometemos al cuerpo a un estrés, nos pasará factura en un futuro (lesiones). Si a nivel psicológico el deporte nos hace sentirnos bien, cuando lo realizamos sin control, podemos obsesionarnos y modificar incluso el carácter y la conducta. Si a nivel socio-afectivo mejora las relaciones y forja las amistades, obsesionándonos con él puede generar todo lo contrario e incluso aislarnos de nuestras amistades.

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